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BAR NOTABLE "LA BUENA MEDIDA"

La Buena Medida volvió a abrir sus persianas, ubicado frente a la Plaza Solís, y a metros del Riachuelo.

 “No reabrimos para ganar dinero, acá hay mucho corazón, esto es sentimiento puro, sentimos amor por el lugar”, dice Jorge Lafratti, de 50 años. Este bodegón abrió una semana después de la creación del Club Boca Juniors. 

La Buena Medida cerró sus persianas en marzo del 2020, con el inicio de la cuarentena. En mayo de este año, cuando se creía que nunca más abriría, dos amigos y ex clientes se hicieron cargo del fondo de comercio y lo reabrieron. 

 Se ofrece cocina de bodegón, sin platos gourmet, donde se come rico, abundante, barato y gustoso, afirma Lafratti. “Lo mismo que comíamos con mi abuelo, no hemos cambiado nada”, sostiene. Hace dos meses que tomaron la posta del bodegón, y ya han logrado lo más importante: detener las agujas del reloj. “El tiempo acá adentro no pasa”, aclara Lafratti. La pandemia y la crisis económica condenaron a estos espacios que concentran el alma de un barrio bohemio, con señas muy particulares. 

 Por ello es que no lo han intervenido sino que dejaron todo tal cual era. “Es un bar conventillo, ¿en qué otra parte vas a encontrar algo así?”, se pregunta Lafratti. Propio del barrio, el bodegón está hecho de chapas, y su planta alta es habitada por familias. 

Con más de un siglo de historia, comenzó siendo un almacén de ramos generales, a 200 metros del puerto y del Riachuelo; la vida portuaria lo modeló. Antes y después de la salida de los barcos, los marineros venían a tomar una copa y las familias, a buscar sus provisiones. “Acá nunca se perdió la ceremonia del aperitivo”, cuenta Lafratti. 

Discretos y con un aire nobiliario barrial, los hombres se acercan al mostrador, de parados, a apurar un vaso. Como natural compañía, una playlist con éxitos tangueros se oye como un mantra mistongo. “Todavía hay bohemia, muchos vienen a tomar su copa y a leer”, agrega. Un ícono protege: un retrato de Carlos Gardel con una contraseña que todos entienden... “Sonríe, él nos mira”. “Se cayó el turismo, pero mantener el bodegón con su historia es inigualable —confirma Mendoza—. 

Nos encanta que nos visiten gente de otros lugares, pero lo pensamos para la gente de La Boca”. Los planes son claros y directos: “Tuvimos la oportunidad de hacer arreglos, modificarlo y volverlo vintage, pero sería un sacrilegio”, acuerda Mendoza. Ambos socios levantan una bandera, que tiene mucho de resistencia: “No se toca nada, todo queda tal cual estuvo”. 

Luminoso, el sol entra y entibia las mesas. Pequeños pizarrones en la vereda señalan la propuesta gastronómica. “Lo que se comía antes, es lo que se come ahora”, resume Lafratti. Su hijo Diego Armando atiende las mesas y maneja el instagram, que la única modificación moderna que su padre permitió… Escudo contra los platos sofisticados, antípoda de la cultura gourmet, La Buena Medida se levanta orgullosa con sabores familiares. “Acá te podés comer una polenta con bolognesa, albóndiga con puré, napolitana con fritas, guiso de mondongo, de lentejas, tortilla de papas”, señala Lafratti. “Queremos que la gente del barrio vuelva a salir”, advierte. Los precios son accesibles, solo un plato cuesta más de $500: el bife de chorizo con puré o fritas. “Lo tuvimos que poner a $600, es lo más costoso que tenemos”, afirma el bodegonero. 

A pocas cuadras de allí, en los comedores de Caminito, el mismo plato asciende de $1300, para arriba. A través de un recetario reivindicatorio de las recetas puras de la cocina inmigrante que dio nacimiento a la porteña, se abren puertas que se detienen en recuerdos de las épocas felices. “Hay mucha gente sin trabajo, que la está pasando mal, hay tristeza y cansancio”, describe Lafratti la radiografía barrial. Aquí se piensa una solución: “Precios accesibles para que todos puedan disfrutar de un rato en el bodegón”, afirma. Choripán a $150; sándwich de bondiola y vacío, $300, de chinchulín, $150; de riñón, $150; albóndigas con puré, $350; ñoquis, $250. “Queremos devolver un poco de lo mucho que el barrio le dio al bodegón”, confiesa Mendoza.

 En unos días materializan una idea que los tiene contentos: los lunes van a abrir para que la gente que no tiene dinero pueda pasar al salón, sentarse y elegir de un menú más reducido, los platos típicos. Sin costo. “Que no tengas plata no puede ser impedimento para que no puedas traer a tu familia a disfrutar de un plato de comida”, afirma Lafratti. 

 El bodegón se encuentra justo en frente de la emblemática Plaza Solis, lugar donde en 1905 un grupo de amigos inmigrantes se juntaban a jugar al futbol y donde decidieron fundar un club. Alli nació la historia del Boca Juniors, equipo Xeneise, tal como se autodenominan. 

Sin dudas voy a ir ¡¡¡



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